¿Cómo dejar de preocuparse por todo?

Preocuparse puede ser útil cuando se necesita tomar acción y resolver un problema. Pero un exceso de preocupaciones es un problema porque genera dudas y temores que nos paralizan, acaban con nuestra energía emocional, aumentan nuestros niveles de ansiedad y, en general, interfieren con nuestra vida diaria.

“Tengo como filosofía que preocuparse, es sufrir dos veces”. Esta frase pronunciada por uno de los protagonistas de la película “Animales Fantásticos”, resume a la perfección lo que sucede cuando nos preocupamos por demás o cuando nos preocupamos incluso por cosas que no sabemos a ciencia cierta si van a pasar. Precisamente, “nos hacemos la película”.

¿Ya te pasó de tener una preocupación en la cabeza que no puedes quitarte por mucho que te esfuerces? Claro… nos pasa casi de manera permanente y sin que nos demos cuenta.

Pero, ¿por qué es tan difícil dejar de preocuparse?

Los pensamientos de ansiedad de la personas con preocupación crónica son alimentados por sus propias creencias. Por una parte, es posible que la persona piense que esta preocupación es perjudicial, que se va a volver loco, le va a afectar a su salud o va a perder el control sobre aquello que les preocupa. La preocupación es un círculo vicioso que se autoalimenta a sí mismo y no deja de crecer.

Sufrimos, nos angustiamos, nos deprimimos y hasta llegamos a sentir el malestar en el cuerpo cuando tenemos una idea en mente que consume nuestra energía, porque imaginamos todos los posibles desenlaces y siempre son negativos.

“Mi hija tiene 19 años y por primera vez salía del país, para visitar a una amiga que vive en Australia, cuenta Ángela.

Yo no estaba muy contenta con ese viaje, pero ella estaba tan entusiasmada, que era imposible negarme. Por otra parte, sabía que tenía que dejar que hiciera esta experiencia de conducirse sola, simplemente porque debemos entender que nuestros hijos crecen y quieren volar.

Junto con mi esposo, nos despedimos de ella en el aeropuerto y le hice prometer que me llamaría en cuanto llegara a destino. Pasaron la cantidad de horas previstas y empecé a esperar el tan ansiado llamado. Pero el llamado no llegaba.

Tenía que llegar a Sidney a las 3 de la tarde y ya eran las 5 y no tenía noticias de ella.

Mi desesperación empezó a ganarme la batalla. Estaba angustiada, nerviosa, pensando todo tipo de desgracias… no podía quedarme quieta y perdí la cuenta de la cantidad de veces que llamé sin obtener respuesta.

Mi esposo me decía que me tranquilizara, que seguramente estaba todo bien y que tenía que ser positiva. Pero yo no podía. ¿Y si se había desmayado? ¿Y si estaba enferma? ¿Y si no había encontrado a su amiga en el aeropuerto? ¿Y si la habían secuestrado? Creí que iba a enloquecer. Me sentía impotente. La angustia me cortaba la respiración…

Hasta que recibo un llamado de mi hija, diciéndome que el maletero del avión en donde había guardado su bolso junto con el teléfono, se había trabado y no lo podían abrir. Tuvo que esperar un buen rato hasta que lograron abrirlo.

La explicación de la demora era simple y estaba todo bien, pero todas las cosas terribles que imaginé durante esas dos horas, fueron un sufrimiento que no le deseo a nadie.”

¿Por qué será que nos cuesta tanto aferrarnos a esta frase que también encierra mucha verdad? “Si no hay noticias, son buenas noticias”.

Idea 1 Respira profundamente

Respira profundamente, suelta las tensiones, afloja, vive el presente con confianza y conseguirás superar las preocupaciones.

Y como dice Bernardo Stamateas:

“No puedes evitar que los pájaros de la preocupación y la inquietud vuelen sobre tu cabeza. Pero puedes impedir que aniden en tus cabellos. No te contamines con todo aquello que no sirve, aprende a descartar de tu mente todo aquello que intoxica tus emociones.”

Idea 2 Derriba las preocupaciones con preguntas

¿De qué me sirve estar preocupado/a? ¿Es para tanto? ¿Qué gano con angustiarme o enfadarme con el mundo? ¿Qué conseguiré cambiar preocupándome? ¿Cómo me afecta?

Se trata de quitar hierro, desdramatizar e incluso reírte de las preocupaciones que son absurdas y no tienen sentido.

Y cómo decía el poeta Rabindranath Tagore:

“Si tiene remedio, ¿de qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿de qué te quejas?

Idea 3 Selecciona tu técnica de relajación favorita

Actualmente existe un abánico de técnicas de relajación que pueden ayudarte a encontrar calma emocional y mental. El estrés y la ansiedad desaparecen progresivamente aplicando a tu vida técnicas que te ayuden a conectar con tu equilibrio emocional.

Dentro de poco encontrarás en el blog meditaciones guiadas para sentirte con más equilibrio emocional. Anteriormente tenías en la tienda del blog el Audioebook Mini-Guía «Tómate un respiro» (No está disponible – Promoción finalizada).

Quizás resuene en ti esta frase:

«Vivimos muy acelerados, como si fuéramos un coche de fórmula uno de un lado para otro sin a veces parar y tomarse un descanso. Date permiso para disfrutar momentos de intimidad y paz.»

Idea 4 Trabaja con tus pensamientos

Los pensamientos negativos repetidos son como un martillo golpeando una pared, bajan tu energía y provocan que aparezcan emociones corrosivas para tu salud, así que lo mejor es resetear la mente

Se trata de dejar la frecuencia de las preocupaciones y conectar con pensamientos más optimistas para elevar tu nivel de energía. Sí, se puede trabajar con los pensamientos. Imagina que es como regar una pequeña planta ¡No tengas miedo! a pensar diferente, renovar creencias y desarrollar una actitud más optimista.

Fuente: https://www.otraformadevivirtuvida.com

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